Serie Goleman · Post 1 de 3
Inteligencia emocional: lo que Goleman vio antes que nadie
Hay personas muy listas a las que la vida no les acompaña. Daniel Goleman explicó por qué en 1995, y desde entonces sus ideas son el suelo firme del coaching del talento. Este es el primero de tres posts dedicados a su obra.
La inteligencia emocional explica por qué hay personas brillantes a las que la vida no les acompaña. Personas con un cociente intelectual altísimo, con expedientes envidiables, incluso superdotadas, que sin embargo no consiguen rentabilizar todo lo que valen. Se estancan, no encajan, se quedan paralizadas ante una decisión, no remontan tras un fracaso. En 1995, un periodista científico llamado Daniel Goleman dedicó un libro entero a esa paradoja y le dio nombre: Inteligencia emocional. Su tesis era sencilla y demoledora: ser muy listo no basta. Si no sabes qué hacer con lo que sientes, tu inteligencia te llevará menos lejos de lo que crees.
Este es el primero de tres posts dedicados a la obra de Goleman. Empiezo por el libro fundacional, el que abrió el camino, porque sus ideas siguen siendo el suelo firme sobre el que se apoya hoy el coaching del talento.
La gran pregunta: ¿qué hacemos con la razón y con la pasión?
Goleman dedica el capítulo más bonito de su libro a una pregunta antigua y tan vigente como siempre: ¿para qué sirven las emociones? Su respuesta es directa. Sirven, ante todo, para movernos. La propia palabra emoción procede del latín movere, mover, y para Goleman cada emoción nos predispone a un tipo de acción concreto. El miedo nos prepara para huir o protegernos, la ira para defendernos, la alegría para acercarnos a quien queremos, la tristeza para detenernos y procesar una pérdida. Las emociones no son un ruido que estorba al pensamiento racional, son información biológica que el cerebro nos manda para que actuemos.
Pero hay un problema. Cuando la pasión desborda a la razón, esa misma fuerza que debería impulsarnos nos arrastra. Goleman llama a esto un secuestro emocional: el cerebro emocional reacciona tan rápido que actuamos antes de pensar, y a veces lo lamentamos toda la vida. Esa es la imagen central del libro: no se trata de elegir entre la razón y la pasión, se trata de aprender a gobernar su relación.
«Cada emoción nos predispone de un modo diferente a la acción.» Esta frase de Daniel Goleman en Inteligencia emocional condensa toda la propuesta del libro: las emociones no estorban al pensamiento, lo orientan. Y por eso, bien gestionadas, son la mejor palanca de cambio que tenemos.
El coste de no entrenar tu inteligencia emocional
La denuncia central del libro es que la escuela enseña contenidos y olvida lo emocional, y la factura es cara: la pagamos como personas, como sociedad y como economía. Todos perdemos. Pero el problema no se queda en el colegio. Lo arrastramos a la vida adulta, y se cuela en sitios muy concretos. Un jefe, un compañero, un colaborador o alguien de tu propio equipo que estalla por algo que se podría haber hablado: cambia la cara, cambia el cargo, pero el resultado siempre es el mismo, drásticamente desagradable. Alguien que ante una discrepancia se hace el loco en lugar de afrontarla. Otro que es incapaz de pedir disculpas y deja un malentendido pudriéndose durante meses. Y ese clásico que lo sabe todo, que sabe de tu trabajo más que tú mismo y te suelta observaciones que te dejan pensando «¿pero de qué va este?». Y al otro lado, la persona que recibe todo eso sin saber bien qué hacer con ello. Goleman acuñó el término alfabetización emocional para nombrar precisamente lo que no se enseñó en su día y se sigue echando en falta: reconocer lo que se siente, ponerle nombre, decidir qué hacer con ello. Algo que falla, casi siempre, no por falta de inteligencia, sino por falta de entrenamiento en la gestión de las emociones.
El término que Goleman dejó para la posteridad
Goleman acuñó la expresión alfabetización emocional para nombrar lo que aún hoy no enseña la escuela: reconocer lo que sientes, ponerle nombre, entender de dónde viene y decidir qué hacer con ello.
Un adulto que no recibió esa alfabetización de niño no está condenado: puede aprenderla más tarde. El coaching es uno de los caminos para hacerlo, con la ventaja de que se trabaja sobre tu vida real, no sobre ejercicios genéricos.
La emoción como impulso para la acción
Aquí está el corazón del libro, y también la conexión más directa con lo que hacemos en sesión: las emociones no son un asunto contemplativo. Son combustible. Son lo que mueve. Gestionar bien las emociones no significa apagarlas ni controlarlas a la fuerza, significa convertirlas en un impulso para la acción. Avanzar. Destacar. Resistir cuando todo el mundo abandona. Asumir liderazgo. Relacionarse con destreza. Resolver un conflicto sin romper el vínculo. Gestionar el éxito sin perderse y el fracaso sin hundirse. Afrontar la incertidumbre sin paralizarse.
Son cuestiones muy prácticas, aunque dichas así puedan sonar abstractas. La función del coaching del talento es precisamente esa: bajar lo abstracto al suelo. Coger esa idea grande, «gestionar tus emociones», y traducirla a una conversación concreta sobre tu situación real, sobre la decisión que tienes delante, sobre la persona con la que necesitas hablar mañana.
Lo que está en juego cuando trabajas tu inteligencia emocional
No son ideas abstractas: son competencias muy prácticas que se entrenan en sesión.
- Avanzar sin paralizarte ante la incertidumbre
- Destacar sin tener que pisar a nadie
- Resistir cuando lo fácil sería abandonar
- Asumir liderazgo desde quien eres
- Resolver un conflicto sin romper el vínculo
- Gestionar el éxito sin perderte y el fracaso sin hundirte
De la inteligencia emocional al coaching del talento
Goleman nos demostró que la inteligencia emocional se puede aprender a cualquier edad. Lo que no nos puede dar un libro es el acompañamiento para hacerlo en tu vida real, con tus circunstancias, con tu historia, con las decisiones que están sobre tu mesa esta semana. Esa es la apuesta del coaching del talento: aquí sacamos el talento que ya tienes y lo ponemos en acción.
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Este es el primer post de una serie de tres dedicada a Daniel Goleman. En el segundo trataremos La práctica de la inteligencia emocional (1998), centrado en el ámbito profesional. En el tercero, Inteligencia social (2006), sobre la inteligencia de los vínculos.
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